El glaucoma es una enfermedad ocular que se caracteriza por la pérdida de visión a consecuencia de un daño en el nervio óptico, que se traduce en una disminución del campo visual.

Esta enfermedad es la segunda causa de ceguera en los países industrializados. El verdadero problema reside en aquellas personas que aún están por diagnosticar. Al ser una enfermedad asintomática, se calcula que más del 50% de los enfermos que la padece lo desconoce. Se estima que en España hay más de un millón de personas que presentan esta deficiencia, la mitad de los cuales no están diagnosticados.

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La causa más frecuente del glaucoma es el aumento de la presión intraocular.  El ojo contiene en su interior un líquido que se renueva constantemente. Si falla el sistema de drenaje la presión intraocular aumenta, pudiendo dañar el nervio óptico y producir pérdida de visión o ceguera. El glaucoma puede afectar a uno o a ambos ojos y aumenta el riesgo con la edad.

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Al principio, el glaucoma puede pasar desapercibido y no producir ningún síntoma. Al avanzar, el síntoma principal es un estrechamiento de la visión periférica por lo que se ve como a través de un tubo. También puede producir ligeros dolores de cabeza y leves alteraciones de la visión, como ver halos alrededor de la luz o tener dificultad para adaptarse a la oscuridad.

Nuestras recomendaciones son pasar revisiones oftalmológicas periódicas. Esto nos permitirá determinar su presión intraocular y el estado de su nervio óptico.

Los pacientes con riesgo por antecedentes familiares, miopía o diabetes deben seguir controles de la presión intraocular por lo menos cada 6 meses y de campo visual al menos una vez al año.

Las personas mayores de 40 años deben controlarse la presión intraocular por lo menos una vez al año y el campo visual según la presión y el aspecto del nervio óptico.