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La baja visión es una condición visual que se presenta cuando la capacidad de ver está significativamente reducida, incluso con el uso de gafas, lentes de contacto o tratamientos médicos convencionales. No implica ceguera total, pero sí una limitación que dificulta actividades esenciales como leer, reconocer rostros, desplazarse o realizar tareas cotidianas.
Esta condición puede deberse a diversas enfermedades o lesiones oculares y, aunque no siempre es reversible, existen ayudas ópticas, tecnológicas y estrategias de rehabilitación que permiten mejorar la autonomía y la calidad de vida de quienes la padecen.
La baja visión es una condición visual en la que, incluso con la mejor corrección óptica o tratamiento disponible, la persona conserva cierta capacidad de ver, pero esta no resulta suficiente para realizar actividades cotidianas con comodidad, como leer, reconocer rostros o desplazarse con seguridad. No implica una pérdida completa de visión, pero sí una reducción significativa que no se corrige con gafas convencionales.
Según la OMS, se considera baja visión cuando la agudeza visual está entre un 10% y un 30% o el campo visual es muy reducido. Esta situación puede aparecer por diversas causas y afecta a millones de personas en todo el mundo. Comprender qué es la baja visión es clave para acceder a ayudas ópticas para baja visión, estrategias y recursos que mejoran la autonomía y la calidad de vida.
Para evaluar la baja visión, se analizan dos parámetros principales: la agudeza visual, que indica la capacidad para distinguir detalles, y el campo visual, que refleja la amplitud de la visión periférica. También se valora el contraste, la sensibilidad al deslumbramiento y las necesidades de iluminación.
Con esta información se determina el grado de afectación y se orienta el plan de apoyo. Los resultados no solo cuantifican la condición: señalan en qué tareas aparecen más las dificultades (lectura, pantallas, orientación), lo que permite ajustar recomendaciones y recursos de forma personalizada, evitando soluciones genéricas.
La baja visión puede originarse por diferentes factores que afectan la retina, el nervio óptico o la estructura ocular. Entre las causas de baja visión más frecuentes se encuentran la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), el glaucoma y la retinopatía diabética. También influyen la miopía magna, traumatismos, obstrucciones vasculares y enfermedades hereditarias como la de Stargardt.
Cada origen se expresa con un efecto distinto: visión en túnel, zonas borrosas o irregulares.
Los síntomas dependen de la causa y el tipo de afectación. Son frecuentes la necesidad de más luz para ver con comodidad, lectura lenta por baja agudeza visual, dificultad para reconocer rostros a media distancia, sensibilidad al deslumbramiento y percepción de zonas borrosas.
En la práctica, esto se traduce en ajustes para lectura de etiquetas, uso de macrotipos en documentos y configuración de contraste en pantallas. Hay quien se pregunta cómo ve una persona con baja visión y para entenderlo implica imaginar cambios en tareas cotidianas: leer señalética urbana, interpretar menús, identificar envases o calcular distancias seguras al caminar. La percepción puede incluir zonas borrosas, pérdida periférica o necesidad de mayor luz, lo que exige ajustes en contraste y tamaño de letra.
Existen diferentes patrones de pérdida visual que determinan cómo se percibe el entorno y qué tareas resultan más exigentes
Conocer estos tipos es fundamental para elegir estrategias y apoyos adecuados, ya que cada forma implica retos distintos en lectura, movilidad y uso de pantallas.
Nuestros ópticos expertos te acompañan en todo el proceso, combinando evaluación personalizada y la selección de ayudas ópticas y no ópticas para baja visión, siempre adaptadas a tus objetivos y actividades diarias. Y este objetivo es claro: ayudarte a mejorar tu calidad de vida potenciando tu autonomía y comodidad visual.
Los recursos más utilizados se incluyen:
Con la ayuda de nuestros ópticos expertos, podrás encontrar las soluciones que mejor se adapten a tu estilo de vida y necesidades visuales, mejorando tu calidad de vida diaria.
Cada persona tiene necesidades distintas. Por eso, la mejor opción es una evaluación personalizada con ópticos expertos que permita elegir recursos adaptados a tus actividades: lectura, uso de pantallas, movilidad o tareas específicas.
Pequeños ajustes marcan la diferencia: usar colores contrastados, etiquetas claras, buena iluminación y mantener el orden en los objetos. Estas adaptaciones facilitan la orientación y reducen el esfuerzo visual.
El bastón verde es un distintivo voluntario que comunica la condición en espacios públicos, favoreciendo la comprensión y la empatía sin estigmatizar. Es una herramienta que ayuda a que el entorno sea más colaborativo.










